IV- La Práctica Global: Esquema para la práctica del proceso experiencial

Introducción: Método para la gestión y entrenamiento de la Inteligencia Emocional

1. Los modelos que han inspirado nuestro modelo formativo

Hemos practicado los pasos que permiten componer un modelo formativo para el discernimiento y la gestión de las emociones. El esqueleto de ese modelo consta de una fase de preparación, una fase de atención sensorial y otra fase de focalización emocional y de aclaración de nuestras necesidades. El núcleo de ese proceso se inspira en el focusing de Gendlin (el método del enfoque corporal) y se completa con la focalización emocional del psicoterapeuta sudafricano Leslie Greenberg, situados uno y otro en la estela de la psicoterapia centrada en la persona de Carl Rogers.

Con ese modelo podemos disponer de un instrumento para alcanzar el objetivo de una formación personal en la gestión de las emociones. Son las habilidades intrapersonales de la inteligencia emocional, de las que hablaron Gardner y Salovey y que recoge Goleman en su libro Inteligencia emocional. Este modelo nos servirá también para el discernimiento y el control de las habilidades interpersonales (por ejemplo, en la gestión de las emociones que son potencial y socialmente destructivas) o en las aplicaciones de la escucha y la empatía. En este segundo caso, tomaremos en cuenta también las aportaciones de Goleman y Daniel Rosemberg y algunas otras de interés.

¿Cómo podríamos nombrar nuestro modelo formativo con una significación propia? En cuanto al modelo propuesto en las prácticas anteriores, ¿cómo deberíamos llamarlo? Para corresponder a las aportaciones de la filosofía y de la psicoterapia humanista que lo nutren, podríamos hablar de focusing, si bien en la preparación hemos incorporado el mindfulness y en el área de la focalización emocional hemos incorporado a Greenberg por la claridad que presta al proceso la distinción y búsqueda de las emociones primarias o saludables, así como por el nexo que establece entre emoción primaria y necesidades emocionales y la ubicación del yo crítico en los bloqueos que se producen en esta fase del proceso. Podríamos llamar al método propuesto «proceso experiencial» y eso sería también un homenaje a Gendlin, que nombró a su psicoterapia como psicoterapia experiencial, ya que estaba fundada en la atención a ese constante fluir interior de sensaciones implícitas.

Pero, por otra parte, podemos establecer una comparación o semejanza con la filosofía y el método del mindfulness o atención plena y ese proceso de interiorización que lleva a un estado de conciencia que llamamos «estado de presencia », donde nos situamos más allá del pasado y del futuro, orientados a la conciencia y a la totalidad. En realidad, tanto el focusing de Gendlin como la focalización emocional de Greenberg son procesos de atención interiorizada similares al mindfulness, que recogen en sí el momento de presencia. Y ya vimos también la similitud del proceso de la atención plena con el que nos propone la filosofía existencial en el tránsito de la existencia empírica a la existencia auténtica y que, como Jaspers nos propone, supone la implicación personal del lector en el proceso del filosofar. Así, pues:

  • Rogers nos plantea el clima sobre el que construir el proceso.
  • Karl Jaspers y la filosofía existencial nos proponen alcanzar nuestro propio origen, la auténtica libertad, encarando la trascendencia.
  • El mindfullness nos invita a la atención del presente (estado de presencia).
  • Gendlin nos enseña a atender y enfocar nuestras sensaciones sentidas, y ellas nos conducen a nuestras emociones y en su enfoque se produce un cambio profundo.
  • Greenberg nos enseña a atender y calibrar esas emociones y a trabajar con ellas y con las necesidades emocionales que surjan como consecuencia, así como las situaciones de bloqueo.
  • Rosemberg parte de la empatía y de la comprensión de las emociones y necesidades propias y ajenas en la comunicación no violenta.
  • Goleman nos emplaza a desarrollar la formación de la inteligencia emocional.

2. Método para la gestión y el entrenamiento de la Inteligencia Emocional: el método de la atención emocional

Podemos, entonces, llamar a nuestro método de proceso sencillamente «método de atención emocional» o «método para la gestión y el entrenamiento de la inteligencia emocional». Consta de cuatro momentos de atención interior, pues son cuatro las fases o momentos de atención interior, a saber: a) Una fase preparatoria de atención corporal y  tención a mí mismo en mi presente; b) una fase de atención a las sensaciones corporales y a su simbolización; c) una fase de atención a las emociones y necesidades existenciales; y d) por último, el proceso concluye prestando atención a lo experimentado y recibido, agradeciendo y protegiendo la experiencia personal. En todas las fases del proceso está presente el focusing de Eugene Gendlin. Se trata, pues, de una adaptación del método de Gendlin,  enriquecido con estas influencias de la psicoterapia y la filosofía.

En esquema, así quedan estos cuatro momentos en este modelo:

  • La preparación (atención corporal y estado de presencia) consta de dos pasos.

1. La atención a nuestra presencia corporal (armonización corporal).
2. La atención al espacio despejado (estado de presencia).

  • La fase de atención sensorial consiste en:

1. Dejar que una situación positiva o negativa se nos proponga, prestarle atención y enfocar la sensación corporal que nos produzca.
2. Encontrarle una palabra o frase o imagen.
3. Ver cómo se ajustan la sensación y la palabra o frase.

  • La fase de atención o focalización emocional se desenvuelve en dos momentos:

1. Es el momento de encontrar la emoción clave o primaria, apreciando si es o no saludable.
2. Atender a las necesidades emocionales que surjan de ahí, especialmente ayudando a transformar la emoción no saludable en emoción saludable.

  • La fase de conclusión final atiende a lo recibido, agradece y protege.

Desde luego, este esquema se apoya en el modelo focusing. Es, podemos decir, una variante del mismo. Pero en las variantes que incorpora no hay contradicción, sino claridad y enriquecimiento en lo que es un proceso experiencial. A continuación, presentamos un desarrollo de este esquema que sirve para el entrenamiento propio o para acompañar a que otros lo hagan con nuestra ayuda.

3. Guía breve del método

Busca aislarte durante un tiempo en un lugar tranquilo. Procura que nada te moleste y encuentra una postura cómoda.

3.1. Fase preparatoria: Atención a nuestra presencia corporal y estado de presencia

– Atención corporal
  • Respira profundamente varias veces de forma que vayas conectando con tu interior, sintiendo cómo habitas tu cuerpo en el aquí y ahora.
  • Recorre tu esquema corporal percibiendo en las distintas zonas del cuerpo las diferentes sensaciones. Presta especial atención a la garganta, el tronco, el abdomen, las sienes y las extremidades superiores e inferiores. Respira profundamente y siente tu propia presencia habitando tu cuerpo.
       – Despejar el espacio y «estado de presencia»
  • Desde esa presencia puedes preguntarte: «¿Qué traigo hoy conmigo? ¿Qué pensamientos o inquietudes me turban o me hacen feliz o infeliz?». O también puedes preguntarte: «¿Va todo bien? ¿Hay algo que te impida estar bien del todo? ¿Cómo te sientes ahora ahí dentro?». O también cabe preguntar: «¿Qué cosas vienen hoy contigo?».
  • Reconoce y saluda a las cosas, situaciones o personas que vayan apareciendo. Salúdalas una a una, dándoles la bienvenida; pero sin analizarlas, ni evaluarlas. Déjalas que surjan, sin entrar a examinarlas, sino recibiéndolas como un todo global: es «todo eso que tiene que ver con…».
  • Busca para cada cosa un lugar cercano, pero a una cierta distancia, que te permita, por unos momentos, crear una distancia entre eso que ha venido y tú. Respira y disfruta de esa distancia… Siente ese espacio que se va liberando dentro de ti. Y puedes decir a esas situaciones: «Ahora no puedo atenderte, ya encontraré después un momento». Ahora, por unos minutos, disfruta ese espacio liberado en tu interior, en el que has podido alejarte de tus problemas y sentirte diferente a ellos. Puedes, además, decir con razón que «yo soy más que estos problemas».

3.2. Fase de atención sensorial

– Formar la sensación sentida
  • Permite que tu cuerpo elija algo de todo eso que ha venido contigo con el fin de enfocarlo.
  • Durante uno o dos minutos atiende a cómo vive tu cuerpo eso que pide paso. Se formará una sensación, quizás clara, o quizá vaga y confusa, sobre eso que estás enfocando. No fuerces esa sensación: dale solo la bienvenida y permanece a su lado con curiosidad, aunque sea dolorosa o desagradable.
  • Al principio, la sensación puede ser vaga y confusa. Dale tiempo. Préstale atención e intenta darle volumen para que se vaya aclarando y definiendo, sin forzarla, sólo prestando atención a lo que tu cuerpo está sintiendo.
– Encontrar cómo nombrarla
  • Ve sintiendo las cualidades sensibles de esa sensación. ¿Cómo se manifiesta? Forma, color, extensión, vacío, dureza, textura, sabor, tacto, calor, etc.
  • Intenta nombrarla con una palabra, frase o imagen, que describa un poco lo que estás sintiendo ahora.
  • Prueba diferentes expresiones: utiliza comparaciones «es como», «se parece a», o incluso expresiones metafóricas o antítesis: un dolor suave, un peso que no es desagradable…
– Resonar con ella para ajustar la expresión
  • Ahora tantea la sensación junto a las expresiones que te vienen y mira a ver si se ajustan. Te dices algo así: «Sí, parece que es el término que mejor nombra a la sensación». Luego esperas: «Bueno, es eso; pero no del todo: más bien es…». Es un proceso en el que quizás debas atender a la sensación esperando que ella misma defina el término que le va. Puedes esperar respetuosamente junto a la sensación hasta que la expresión se ajuste.
  • En ese movimiento, puede ocurrir que la sensación cambie al intentar describirla. En todo caso, cuando se ajuste del todo, o en parte, podrás notar que la tensión corporal cede, se relaja y la sensación se abre. El cuerpo confirma que es así, que es eso lo que experimenta.
3.3 Fase de atención a las emociones y necesidades
– Buscando la emoción central
  • Recogiendo las palabras o imágenes que expresan nuestra sensación y estando junto a ella, tantéala con estas preguntas que pueden darnos la clave de nuestra emoción más radical. Intenta resonar con ellas y con la sensación, sin emplear la razón ni preguntar nunca por qué.
¿Qué es lo tan… de la sensación? ¿Qué es lo peor…? ¿Qué es lo más…?
¿Qué es lo novedoso de lo que estoy sintiendo?
¿Se parece a algo experimentado en otros momentos de mi vida?
– Transformar la emoción no saludable (atender a nuestras necesidades)
  • Si la emoción no es saludable (bloqueo, malestar, irritación, ansiedad etc.), prueba estas otras preguntas, que miran a que seas consciente de tus necesidades aquí y ahora. ¿Qué necesitas ahora? ¿Qué te vendría bien? ¿Qué te está pidiendo ahora?

¿A qué te invita? ¿Qué es lo que está echando en falta? ¿Qué estaría bien que pasara? ¿Qué puedes hacer tú por eso?  ¿Cómo sería si no estuviera ahí? ¿Qué te impide llegar a conseguirlo?

3.4 Fase Final: Atención a lo recibido, agradecer y proteger
  • Sin prisas, quizás sea un buen momento para cerrar este ejercicio. No es necesario agotarlo, puede que vuelvas sobre ello en otro momento.
  • Recibe y acepta lo que haya venido: guarda el recuerdo de esta experiencia, para que puedas volver a él en otro momento.
  • Agradece a tu cuerpo lo que te haya expresado en esta experiencia. Es tu experiencia y tu verdad. No dejes que tú mismo o algún otro la censure.
  • Protégela de la rutina diaria y de la propia desmemoria. También del crítico interior y de la propia desconfianza.

Nota final. Recordemos que el proceso de experienciación de nuestras vivencias sensoriales y emocionales es un proceso vital, no esquemático. El seguir detalladamente el esquema anterior ayuda a no perderse y a buscar aquello que queremos o necesitamos. Pero las experiencias emocionales surgen con mucha espontaneidad y debemos seguirlas, cerciorarnos de ellas y disfrutarlas.
El esquema del proceso es una ayuda importante; pero no debe ser nunca un obstáculo en nuestro cercioramiento interior.

Este esquema sirve para irlo leyendo mientras practicamos nuestro entrenamiento emocional; también para que pueda grabarse y nos ayude en nuestro ejercicio. O también para que un compañero o compañera nos vaya ayudando leyéndolo despacio, acomodándose al ritmo de nuestro proceso personal. Debemos tener en cuenta que la práctica de la atención emocional es mucho más potente cuando alguien nos acompaña, siguiendo las reglas de Rogers: con autenticidad en el acompañamiento (principio de congruencia), con aceptación incondicional y con empatía. Con esas claves podemos hacer el ejercicio utilizando esta guía, que le permite a uno mismo hacer el ejercicio, acompañar a otro o acompañar a un grupo.

4. Modelo de ejercicio de atención emocional

(Este modelo de ejercicio sirve de ayuda para acompañar a un compañero o a un grupo).

Hola, bienvenidos a este ejercicio. Durante unos momentos vamos a intentar observarnos dentro de nosotros mismos. Éste es un ejercicio que puede preparar nuestro ánimo para comenzar nuestra jornada, una tarea, suavizar el estrés o comprobar simplemente como estás: si estás bien, para gestionar ese estar bien y, si no estás del todo bien, para ayudarte a recibir tu propia ayuda, tu propia compasión.

Ponte cómodo, cómoda, en posición relajada, cierra los ojos confíadamente, relaja los músculos de tu cara, los músculos de tus brazos o tus piernas; estira, si te parece, tus brazos o tus pies, acaricia tus manos, siente su tacto, su suavidad acaricia tu rostro, tus ojos… y respira suavemente, intensamente. Varias veces…, inspira y siente cómo el aire penetra en tus pulmones y lentamente lo devuelves. Inspira de nuevo y siente, al penetrar en tus pulmones, la corriente de aire como que tú entras también en la conciencia de ti mismo. Y expira. Repite, una vez más, el ciclo de la inspiración y expiración, que es como un bucle que entra y sale; inspiro y expiro. Pero cuando la respiración termina, antes de inspirar de nuevo, el ciclo se para un instante, se detiene: es un instante de quietud…
Te invito a que atiendas a ese instante de quietud. Es similar al oleaje en la playa: una ola llega, rompe y se retira y, antes de que venga otra ola nueva, el oleaje se detiene. Así podemos sentir nuestra respiración…, calmada, serena, en paz. Paz que inspiras dentro de ti y paz que devuelves fuera de ti. Te invito a que te detengas un momento, sintiendo dentro de ti esa paz que te llega y esa paz que devuelves. Y sintiendo que, en medio de esa paz, estás tú, que habitas tu cuerpo, de tal forma que eras tu propio cuerpo.

Y te invito ahora a recorrer este cuerpo tuyo. Te invito a que tomes conciencia de que cada parte de tu cuerpo es parte de ti mismo. Y te propongo que en ese recorrido observes las sensaciones que aparecen. Comenzamos sintiendo los pies: la planta del pie, el empeine, el talón, los dedos. ¿Qué sensaciones te sugieren? Y también las ziernas, las pantorrillas, en su parte anterior y posterior, ¿puedes sentir las sensaciones que hay en ellas? También atendemos a las rodillas, a la flexión de las mismas; si las acariciamos, sentimos una leve sensación de bienestar. Atendemos a los muslos en su parte anterior y posterior: a sus músculos, tan importantes para caminar y correr. A los glúteos, en los que descargamos nuestro peso al sentarnos. Te invito a que sientas aquí y ahora todo eso que son nuestras extremidades inferiores. No son unos objetos que nos ayudan a caminar, no son unas muletas, sino lo contrario: son parte de mí y, cuando ellas caminan o se cansan, soy yo quien camina y quien me canso.

Podemos ascender un poco más y sentir nuestras caderas y nuestra cintura, que nos mantiene erguidos. ¿Qué sensaciones advertimos? Ascendemos a lo largo y ancho de nuestra espalda, por la columna o por las costillas, hasta llegar a los hombros, a los omoplatos, y podemos permitirnos sentir los hombros y los brazos, que penden de ellos, y sentir los codos y su flexión, también los antebrazos y las muñecas, hasta llegar a la palma de las manos y los dedos. Y aquí te invito a detenerte y sentir la suavidad de las manos, su fuerza para agarrar o golpear, el calor o el frío que transmiten… Y advertir la singularidad de los dedos, de cada uno de ellos. Y así sentir la amplitud corporal del camino recorrido, del tronco y de las extremidades superiores, que no son instrumentos que nos ayudan, sino partes de nosotros mismos, pues si las manos parten el pan o cortan el queso, soy yo quien los parto o quien lo corto.

Y te invito a que desde los hombros sientas el peso de tu cabeza, y la recorras ascendiendo por detrás, por el cuello, por la parte occipital, subiendo al cráneo, sintiendo el cuero cabelludo, los parietales, las sienes, la frente, las cejas, las órbitas de los ojos, las sensaciones de los ojos, la nariz en su raíz y en su punta. Aprovechemos este paso por la nariz para hacer de nuevo una respiración profunda… (pausa). Otra vez (pausa). Puedes sentir los labios, la lengua, los dientes, el paladar, la garganta ¡Cuántas sensaciones experimentamos en nuestra boca! ¿Cómo son? ¿Las puedes sentir? Y, luego, el cuello, la nuez, el pecho; en él pueden resonar muchas emociones y sensaciones. También la zona
del vientre o del bajo vientre…..

Te invito a que te sientas a ti mismo como habitante de todo ese recorrido corporal, que respires tu presencia, ahí en tu cuerpo, en este momento: aquí y ahora. Y te propongo que sientas el silencio que te rodea y lo respires. Al respirarlo, siente también la distancia que se abre entre mi voz y tu presencia y cómo todo ese espacio de silencio, que te envuelve, es una invitación a sentir tu silencio interior, a sentirte en este presente envuelto, en tu silencio.

Respira así tu propia presencia (pausa).

Y cuando te parezca bien, te invito a que te imagines en un escenario tranquilo, de paseo por el campo, a orillas del mar, en el salón de tu casa y te invito a que te hagas esta pregunta: ¿Qué viene contigo hoy?, en tu mochila, o en tu bolso, o en tu maletín. ¿Qué asuntos te acompañan hoy? ¿Qué problemas o situaciones te preocupan? Quizás tengas algún tema relacionado con tu trabajo, un asunto familiar, o algo que viene del pasado y está ahí desde hace mucho tiempo, o alguna preocupación por el futuro. Observa tu mochila y mira a ver qué paquetes vienen contigo. Al ver lo que hay ahí, recibe lo que venga amablemente o al menos salúdalo y déjalo estar ahí contigo. No lo examines ni lo analices, no entres en él: solamente recíbelo y ponlo amablemente, sin analizarlo, a un lado, un poco lejos, pero no mucho, pues quizás tengas que volver sobre él. Y, al colocarlo ahí, sé consciente de haber abierto una distancia entre «todo eso que tiene que ver con…» y tú mismo. Disfruta y respira esa distancia (pausa).

Y quizás haya alguna cosa más que pide que la tomes en consideración. Actúa igual. La recibes, la acompañas, la tratas con benevolencia, pero la sitúas de momento a un lado, y le explicas que este momento es plenamente tuyo, y disfruta de esa distancia que se ha abierto entre todo eso y tú (pausa).

Quizás venga del fondo de tu conciencia otra cosa que llame también tu atención. Haces lo mismo y, al disfrutar de esa distancia que abres con todo eso que ha venido, te dices a ti mismo, sintiendo tu propia presencia ante ti mismo: «Es que yo soy más que todo eso, más que todas las circunstancias que vienen conmigo» (pausa).

Te invito ahora a que respires de nuevo profundamente y disfrutes de ese espacio que has abierto alrededor. Disfruta de ese silencio exterior, que es imagen de tu silencio interior. Mantente ahí un poco, disfrutando de tu presencia (pausa).

Y cuando lo consideres, mira a ver, de esas cosas que han venido, si alguna de ellas quiere especialmente pedir paso, para que la consideres en primer lugar (Pausa larga).

Cuando alguna de las cuestiones que han venido, pida ser atendida, le das la bienvenida: «Hola», le indicas. Y, a continuación, miras a ver en tu cuerpo qué sensaciones despierta el tema en cuestión. La sensación, a veces, es muy clara, Pero, normalmente, es como un pequeño brote, al que tienes que prestarle atención. Procura describir entonces eso que aparece como sensación en tu cuerpo: es algo duro, suave, cálido, frío, en forma de bola o de…, como un espejo, como una ola, como un peso… Pues, a veces, una imagen nos dice cómo es esa sensación. Esa sensación tiene un significado, lleva consigo una historia. E intentamos averiguar qué palabra o palabras nos pueden indicar la historia que guarda mi sensación: amor, tristeza, traición, humillación, es que no valgo, preocupación, alerta, enfado, miedo, celos… (pausa). Acepta, por supuesto, esas palabras que vengan. A veces, la palabra es conforme y el cuerpo siente su conformidad.
Pero, a veces también, esa conformidad hay que buscarla y confirmarla, buscando cómo resuena en tu interior al comparar la palabra y la sensación.
Busca por favor esa conformidad y mira a ver cómo lo sientes en tu cuerpo. Cuando ya tienes esa palabra o frase, que está ahí, junto a tu sensación, pregúntale alguna de estas cosas: ¿Qué es lo que hace que tu sensación sea tan…?; si es positiva, ¿qué es lo mejor de ella?; si no lo es, ¿qué es lo peor de ella? ¿qué es lo que está en el fondo de tu sensación? ¿qué es lo que estás necesitando?

Y si estas preguntas no son oportunas, plantea estas otras: ¿Qué estaría bien que pasara ahora?; ¿cómo sería si esto no estuviera ahí?; ¿a qué te invita?; ¿has tenido esta sensación en algún otro momento o en un sueño?

NO PREGUNTES NUNCA EL POR QUÉ de tu sensación; no estamos buscando una explicación racional, sino que buscamos atender a una historia oculta en tu cuerpo. Puedes transformar la pregunta del por qué en esta otra: «¿Cómo es que esta sensación es tan…». O esta otra: «Quizás debajo de la ira o el miedo o la tristeza hay algo más…?».

Ahora quizás habrás advertido en tu cuerpo aquello que necesitas. Te propongo qué estés con ello un rato.

Y si te parece, antes de poner fin a nuestro ejercicio, recibe lo que tu cuerpo te ha transmitido, aquellas vivencias, que  as experimentado. Guárdalas en tu corazón. Es una experiencia tuya, y es la verdad. Recógela y protégela de tal manera, que puedas volver a ella en cualquier momento de los próximos días o quizás de los próximos años. O quizás te hayan abierto los ojos para toda la vida. Y da gracias por todo ello, gracias a tu cuerpo que ha expresado claramente lo que guardabas dentro de ti.

Y ahora, cuando quieras, lentamente puedes abrir los ojos y dar por terminado este ejercicio.

practica global