I Práctica Primera: Armonización corporal y despejar el espacio

I. PRÁCTICA PRIMERA:

ARMONIZACIÓN CORPORAL Y DESPEJAR EL ESPACIO

1. Objetivo: ser conscientes de nuestro mundo interior

Tras haber esbozado los fundamentos que la filosofía y la psicoterapia nos ofrecen en el enriquecimiento emocional, esto es, tras caer en la cuenta de la necesidad de atender a nuestras emociones y de gestionarlas con inteligencia, ahora vamos a realizar una serie de ejercicios, a través de los cuales podremos aprender a gestionar nuestro mundo emocional, nuestro mundo interior. Se trata de desarrollar las habilidades intrapersonales o intrapsíquicas, que señaló Gardner.

Lo hacemos a través de dos ejercicios de iniciación. Al primero lo llamamos de «Atención y armonización corporal» y al segundo lo titulamos «Cómo despejar el espacio o estado de presencia».

2. Atención y armonización corporal

2.1. Descripción del ejercicio

Antes de empezar estos ejercicios es necesario disponer de un lugar tranquilo, donde nadie nos interrumpa, y ponernos sentados en una posición cómoda.
En el reconocimiento y atención corporal, cerramos los ojos y comenzamos con unas respiraciones profundas, sintiendo cómo nos vamos aislando del exterior y entrando dentro de nosotros mismos, siendo conscientes de cómo estamos habitando nuestro cuerpo en el presente. Y esa presencia corporal la concienciamos tanto globalmente como por partes, haciendo un recorrido por las distintas partes del cuerpo y tomando conciencia de las sensaciones que en cada momento nos llaman la atención: el tacto de la ropa o el calzado, el calor de las manos o el frío de los brazos, la suavidad de las sensaciones en la rodilla… Y especialmente nos detenemos en las sensaciones internas del tronco, garganta, pecho, vientre y bajo vientre, o de las extremidades anteriores, pues en esa zona central del organismo las sensaciones tienen para nosotros un significado especial.
Y cerramos este ejercicio sintiendo nuestra presencia interior y respirando profundamente.

2.2. Esquema de la armonización corporal
  • Nos aislamos.
  • Nos ponemos cómodos.
  • Cerramos los ojos.
  • Respiramos con lentitud e intensidad.
  • Entramos en nosotros mismos.
    Somos conscientes de nuestra existencia corporal.
  • Recorremos las partes de nuestro organismo, tomando conciencia de sus sensaciones.
  • Tomamos conciencia de la globalidad de nuestro yo corporal.
  • Respiramos con profundidad varias veces.
  • Duración de este ejercicio: de 5 a 10 minutos.

Este es un ejercicio preparatorio. Nos relaja y nos sitúa ya en la entrada de un viaje a nuestro interior. Pero todavía hay que emprender ese viaje. Lo iniciamos ya a continuación, despejando el espacio.

3. Despejar el espacio o «estado de presencia»
3.1. Descripción del ejercicio

El ejercicio que llamamos «despejar el espacio» es algo más que un ejercicio de relajación. Es un viaje inicial a nuestro interior. Pues, una vez que hemos fijado nuestra atención en nuestra presencia corporal y hemos relajado nuestros músculos y tensiones, parece que se ha dispuesto de un espacio alrededor de nuestro yo, un espacio donde las cosas se han serenado. Y en esa situación, nos hacemos esta pregunta: «¿Estoy bien? ¿Estoy completamente bien? O también esta otra: ¿Qué es lo que viene hoy conmigo?».

Irán surgiendo entonces situaciones que nos confunden o nos preocupan o, por el contrario, surgirá el sentimiento de que las cosas están bien. Esas situaciones, positivas o negativas, irán viniendo como respuestas a nuestra pregunta.
Las dejamos entrar una a una, recibiéndolas en cada caso con una bienvenida, aceptando su presencia; pero sin analizarlas ni evaluarlas, sino tomándolas como algo global, como un paquete que no se abre. Las recibimos y las situamos a una cierta distancia, cerca, pero distantes: «Ahora te recibo –les decimos–, pero quédate ahí de momento, pues este instante es un tiempo que yo tengo para mí». Y así abrimos una distancia entre eso que ha venido y nuestro yo. Y, mientras disfrutamos de esa distancia, le decimos, o nos decimos: «Es que yo soy más que todo eso que ha venido o puede venir».

Y esa distancia la abrimos con cada cosa que viene a nuestra conciencia, siguiendo ese mismo proceso. Y, al término, hemos abierto un espacio considerable entre mi yo y mis circunstancias, donde nuestro yo se manifiesta desprendido de ellas, pues, aunque ellas sean algo suyo, tomo conciencia de que yo no soy ni este, ni ese, ni aquel problema.

Así, podemos encontrarnos en un territorio nuestro, aislado de los problemas, y disfrutar de él, respirándolo tranquila y profundamente. Ahí podemos ser conscientes de nuestra presencia ante nosotros mismos y, desde esa presencia en ese espacio, es desde donde podemos empezar a ser conscientes de lo que ocurre en nuestro espacio interior. Desde esa situación tantearemos nuestras emociones.

3.2. Esquema del ejercicio de despejar el espacio
  • Partimos de nuestra presencia corporalmente sentida.
  • Nos preguntamos si estamos bien, completamente bien o por lo que viene con
    nosotros.
  • Esperamos que surjan las respuestas a esas preguntas.
  • Las situaciones que vivimos piden paso a nuestra conciencia.
  • Las recibimos abiertamente, una a una, sin analizarlas, como un todo.
  • Las disponemos cerca, pero a una cierta distancia, abriendo un espacio entre
    lo que viene y yo mismo.
  • Disfrutamos y respiramos ese espacio en cada caso.
  • Tomamos conciencia de que «yo soy más que todo eso».
  • Finalmente, respiramos la globalidad de esa distancia abierta entre nosotros
    y nuestras circunstancias.
  • Duración del ejercicio: de 10 a 15 minutos.

    Un poderoso ejercicio antiestrés. El ejercicio del espacio despejado aumenta la relajación y es un poderoso ejercicio antiestrés, en sí mismo muy liberador.
    Pero también es un ejercicio preparatorio, pues nos introduce en nuestro interior y nos habilita para ir encontrando y percibiendo todo nuestro mundo emocional. Ese paso lo daremos en nuestra próxima práctica.