6. Karl Jaspers: el batir de las dos alas

La filosofía como acción interior. Dentro del ambiente realista de la filosofía del siglo XX, el existencialismo supone un viaje hacia el centro íntimo de la existencia, un viaje interior. Este viaje se matiza en los distintos autores, pero el clima existencial es común. La lógica emocional nos acompaña en ese viaje y conduce el discurso existencialista, donde encontramos los ecos de Kierkegaard.
Jaspers y su comprensión de la filosofía como una acción interior nos sirve para establecer las analogías con el trabajo de la psicoterapia humanista. En él la filosofía es un método y un camino.

Jaspers era médico y, como tal, psicólogo y profesor de Psicología en la Universidad de Heidelberg antes que serlo de Filosofía. Como psicólogo había escrito un tratado de Psicopatología General. Y, al encarar su filosofía, nos encontramos con una filosofía terapéutica, que nos muestra cómo la existencia puede volverse problemática, y entonces surge la búsqueda para una aclaración de su sentido. Se trata de un viaje interior en el que no basta leer lo que se propone y comprenderlo racionalmente, sino de vivir la experiencia de la propia vida buscando su sentido. Así, no basta que el conocimiento nos diga cuál es el camino. Su filosofía no es sólo un método de conocimiento:  lumbra un modo de ser, un modo de vida, es una forma de conciencia. En la reedición de su obra Filosofía en 1955 (la edición primera había sido en 1932) incluye, en el prólogo, el siguiente texto sobre cómo le gustaría que leyésemos su libro. En él se oponen conocimiento y sabiduría en una contraposición muy al caso de lo que estamos señalando.

Cómo debiera leerse este texto. «Este libro nos muestra él mismo “su objeto”, el cual no existe como cognoscible, sino que es solamente aquello que, completado por la presencia activa del sujeto pensante, puede hacer que la filosofía haga acto de presencia.

Lo que importa para el lector es practicar en él mismo la secuencia de pensamientos (que se contienen en el texto), a fin de reconocerse él en ellos y no para adquirir un saber que se pudiera resumir.

(…) Por eso, el lector que busca una cosa, una doctrina, en el sentido de la filosofía científica, tiene que quedar decepcionado con este libro. Porque las cosas que me ayudan a expresarme y que son indispensables para concebir con claridad, se volatilizan, sin embargo, como tales, si mi progreso filosófico tiene éxito. Pero el lector que no quiere hacer nada interiormente tiene que sentirse vacío, puesto que se trata de un pensamiento que necesita de él mismo, de su acción interior.

Estos lectores dirán que, en el fondo, yo no digo nada. Falta en ellos lo que yo llamo el batir de la otra ala, que permite que lo que se dice en el texto (una de las alas) se llene de sentido y cobre impulso. Sólo gracias al movimiento de las dos es posible al lector… el vuelo filosófico real.

Y, si se me pregunta qué es lo que se necesita hacer después de haber seguido inicialmente este género de reflexión filosófica, yo respondo:

“Completarla con la acción práctica, única, irremplazable, de suerte que el juicio se concrete en el modo de vivir la vida cotidiana, de cumplir con sus tareas, de buscar, de comprender el arte y la poesía, de pensar y actuar en la política. Y, a continuación, comprender siempre mejor a los grandes filósofos, asimilar sus pensamientos en un  espacio que nos sea común, y acercarnos así, gracias a ellos, hacia la fuente verdadera”» (Philosophie, edición francesa, páginas XXIV-XXV, 1989).

La metáfora de las dos alas expresa muy vivamente la propuesta del filósofo Jaspers, donde la comprensión no abdica del pensamiento racional; pero incluye ese otro nivel de nuestra experiencia, necesario para «comprender de verdad», que es la inteligencia emocional.

Un ejemplo personal de congruencia y autenticidad. En todo ello hay también una visión del hombre y un recorrido del ser humano que cada quien tiene en sus manos, esto es, una antropología, no sólo teórica, sino práctica: una acción interior. El profesor de psicología latía dentro del profesor de filosofía. Por ello, en su atracción por la totalidad que busca la filosofía, no abandonó –sino todo lo contrario– la preocupación por el hombre. Y, si toda filosofía acerca del hombre, especialmente la existencial, se preocupa de su dignidad y de su libertad, el pensar de Jaspers le ofrece un recorrido que va de la existencia empírica o periférica a la existencia auténtica, donde el hombre puede reconocerse en la plenitud de su ser, de su dignidad y libertad.

El filósofo Jaspers confirmó en su vida esa congruencia y autenticidad. En la Alemania nazi se negó a divorciarse de su mujer judía. Perdió su cátedra y su profesión de profesor, y soportó unas condiciones de vida rigurosas, preparado en cualquier momento para un desenlace fatal. Pudo ocurrir; pero los americanos llegaron a Heidelberg cuando iban a deportar al matrimonio a un campo de concentración. En diversas ocasiones le tentaron con los beneficios de su divorcio; pero él nunca dio su brazo a torcer. Era, como señaló Hanna Arendt, algo que no podría ocurrir. Esa congruencia con los principios y fines de la humanidad es la aportación inestimable que la filosofía aporta a la psicoterapia. Le exige también ser congruente con la dignidad de la persona y no utilizar la conciencia ni manipular las debilidades en su propio beneficio.

parte 2 batir dos alas