3. Eugene Gendlin y el focusing (1926-2017): un filósofo vitalista

Eugene Gendlin, el descubridor y promotor del método Focusing, fue discípulo de Rogers. Al terminar su carrera de filosofía en 1952, comenzó su colaboración con Rogers en un Centro de psicoterapia, dependiente de la Universidad de Chicago. Su colaboración duró unos 13 años, hasta 1964. A Rogers no le gustaban mucho los  ilósofos, porque pensaba que todo filósofo era bastante contumaz en sus ideas. Pero él mismo buscaba la explicación de cómo en el fondo de la persona podía surgir, cuando se daban las condiciones adecuadas, un impulso perfectivo, que llevaba en sí el germen del cambio que se producía en la psicoterapia. Como cualquier filósofo, Rogers, que era psicólogo, buscaba la causa de fondo, el principio. Gendlin, en cambio, era un filósofo vitalista que buscaba la aplicación práctica de su filosofía. Su posición vitalista le lleva a una filosofía de la vivencia, de la experienciación, a la práctica de la psicoterapia. Rogers es un psicólogo que busca un principio explicativo en la filosofía y Gendlin es un filósofo que busca la praxis. Para ambos, filosofía y psicoterapia se funden en su pensamiento y en su trabajo como un camino de ida y vuelta.

El descubrimiento: la importancia del cuerpo y las sensaciones corporales

El descubrimiento de Gendlin en el año 1962 fue el siguiente. Muchas terapias resultaban fallidas, frente a otras, que eran exitosas. ¿Cuál podía ser la razón? Estudiaron cientos de grabaciones y expedientes y llegó a la conclusión siguiente: las terapias, que se desarrollaban con éxito se lo debían a las personas.
Y la razón estaba en algo que ellas hacían en el curso del proceso y que movilizaba su interior, de tal manera que producía un avance en profundidad. Esto era sorprendente, pues al escuchar el principio de la cinta podía constatar ese «algo» y predecir que la terapia tendría éxito.

¿Qué ocurría en el interior de las personas en esos momentos? Algo muy sencillo. Las personas tomaban contacto en su interior con una sensación, que reflejaba su estado anímico: era una sensación que expresaba, en el plano sensorial, lo que las personas estaban viviendo. Realmente, hay en el cuerpo un fluir permanente de sensaciones, aunque solamente las apreciamos en circunstancias especiales. Así, al ver una película de intriga, sentimos corporalmente el suspense. La música nos trae una sensación de disfrute. Si hemos metido la pata, estamos sintiendo esta metedura durante tiempo. Si me olvido de algo, el cuerpo me avisa, con la sensación, que de algo me olvido. Cuando todos nos miran, siento vergüenza y, si me dan una mala noticia, es como una puñalada.
En todas estas situaciones hay una vivencia corporal de fondo, que nos acompaña, nos advierte, nos impulsa o nos retrae. Siguiendo el curso de las sensaciones, aprendiendo el mensaje que contenían, era como aquellas personas
experimentaban un cambio corporal profundo y caían en la cuenta de sus problemas y necesidades. Este proceso de observación interior de las sensaciones no era una búsqueda causal o racional, pues se trataba de observar, percibir un suceso interior.

El encuentro de Gendlin con la sabiduría corporal le hizo investigar más y elaborar un método o proceso vivencial, pues comprendió que ese tipo de mensaje corporal lo podía atender cualquier persona. Durante muchos años investigó la manera de aplicar su descubrimiento y de enseñarlo. Así surgió su libro Focusing en 1978, que reeditó en 1982. La edición española de 2008 indicaba que se había editado en 12 idiomas con 400.000