2. La psicología humanista: Carl Rogers (1902-1986). La psicoterapia centrada en la persona

Carl Rogers, el hombre que revolucionó la psicología y la psicoterapia en los años 40 del siglo XX, había sido educado en un entorno muy familiar y con una formación muy austera. En los años de juventud y en la granja  paterna había combinado los estudios con el desarrollo de una empresa avícola. Para ello, había aprendido a racionalizar los ingresos y los gastos, a calcular los consumos de pienso, etc. Aplicaba las técnicas científicas en sus cálculos. Esa racionalización le sirvió cuando estudió Psicología, donde aplicaba las validaciones estadísticas al estudio de sus experiencias y a la formulación de constantes o leyes del comportamiento que permitieran predecir las conductas. Rogers coincidiría, con el tiempo, con el conductista Watson en la Universidad de Columbia y con el psicoanalista Otto Rank en Nueva York.

Él nos cuenta que estando trabajando en Rochester, Nueva York, al poco de terminar la carrera, aplicaba las técnicas del psicoanálisis freudiano. La experiencia, sin embargo, le va cambiando el enfoque de su psicología. Se trataba de un Centro de Menores. El caso de un chico pirómano, internado en el Centro, le hace cuestionar el psicoanálisis. Rogers, siguiendo la técnica del psicoanálisis, cree encontrar en el muchacho una represión sexual, que consigue superar y es puesto en libertad. El hecho de que inmediatamente vuelva a reincidir, le hace cuestionarse las técnicas del psicoanálisis. En otro momento, un interrogatorio modélico dentro de la técnica freudiana, que da lugar a un diagnóstico perfectamente razonado, pero que no tiene éxito, le hace comprender que los enfoques coercitivos o directivos no funcionan. Cuenta el caso de una madre con la que fracasan al intentar interpretar su caso; pero éste da un vuelco cuando la propia paciente empezó a manifestar su problema. Esto le enseñó «que es el cliente (la persona) que sabe qué es lo que le afecta, hacia dónde debe dirigirse, cuáles son sus problemas fundamentales y cuáles son sus experiencias olvidadas…
Lo mejor sería confiar en la dirección que el cliente mismo imprime al proceso» (C. Rogers: El proceso de convertirse en persona, Editorial Paidós, Barcelona, 1992, pág. 22).

Así fue surgiendo la «psicoterapia centrada en la persona», la psicoterapia rogeriana, que no dirige ni interpreta, frente a la función del psicoanálisis, en la que el psicoterapeuta funcionaba como un médico que interpreta los datos del paciente y le hace un diagnóstico y prescribe una línea de actuación. Rogers, que era un grande y paciente escuchador, creaba un ambiente de confianza, y las personas entonces, en ese ambiente, se sentían capaces de comprender y expresar lo que estaban viviendo.

Las tres condiciones necesarias

Este ambiente lo formuló en tres condiciones necesarias y suficientes.
Son tres principios: el principio de congruencia, el principio de aceptación incondicional y el principio de empatía. «Se ha descubierto –escribe– que el cambio personal se ve facilitado cuando el psicoterapeuta es lo que es; cuando en su relación con el cliente es auténtico y no se escuda en una fachada falsa, y cuando manifiesta abiertamente los sentimientos que surgen en él. Hemos acuñado el término “coherencia” con el objeto de describir esta condición».

«El cambio se ve también facilitado cuando el terapeuta experimenta una actitud de aceptación, cálida y positiva, hacia todo lo que existe en el cliente… hacia cualquier sentimiento que surja en él en ese momento… Todo esto significa un sentimiento positivo, sin reservas ni evaluaciones. Podemos describir esta situación como respeto positivo e incondicional.

«La tercera condición puede denominarse comprensión empática. Cuando el psicoterapeuta percibe los sentimientos y significados personales que el cliente experimenta en cada momento, cuando puede experimentarlos desde “adentro”… y es capaz de comunicar a este último una parte de esa comprensión, ello implica que la tercera condición se ha cumplido» (idem págs. 64-65).

La aportación de Rogers a la psicoterapia fue densa, profunda y ha dejado un surco imborrable. Pero aquí sólo desarrollamos unos conceptos básicos que nos ayuden a comprender el proceso de atención emocional, que desarrollamos como prácticas de gestión y entrenamiento de la inteligencia emocional. Pero estas tres condiciones eliminaban la condición de médico y la sustituían por la de persona; eliminaban el diagnóstico y lo sustituían por la aceptación incondicional; y eliminaban el oficio de saber y lo sustituían por la empatía. «Los estudios realizados con diversos clientes –señala Rogers– demuestran que, cuando el psicoterapeuta cumple estas tres condiciones y el cliente las percibe, de alguna manera se logra el movimiento terapéutico… Nuestros estudios parecen indicar que son estas actitudes, y no los conocimientos técnicos o la habilidad del terapeuta, los principales factores determinantes del cambio terapéutico»
(idem, pág. 66).