2. Dos ejercicios de atención emocional, inspirados en Viktor Frankl

Las vivencias y anécdotas que se narran en El hombre en busca de sentido son profundamente auténticas y hacen aflorar nuestras emociones. Y acompañando a esas emociones, están, como ya sabemos las sensaciones corporales, que vienen con ellas. Como tarea final de este curso vamos a proponer dos ejercicios de «atención a esas emociones». El primero busca levantar nuestro ánimo cuando nos enfrentamos a situaciones de decaimiento y desmotivación, y nos inducen a tirar la toalla, a rendirnos. Este ejercicio mira a levantar el espíritu, fortalecer nuestra motivación y compromiso, contactar internamente con la fuente de nuestra vitalidad, con nuestro Yo. El segundo ejercicio nos enfrenta, en una búsqueda singular, con aquellos objetivos que la vida nos demanda y que nos pide de forma singular a cada uno de nosotros.

2.1. Levantar y fortalecer nuestro espíritu, frente a situaciones de decaimiento

Como siempre que hacemos un ejercicio de «atención emocional», nos colocamos en un lugar reservado y en una situación cómoda. Y hacemos los ejercicios preparatorios, que ya conocemos, de prestar atención a las partes de nuestro cuerpo, respirando pausadamente, y de despejar el espacio.
Pero al despejar el espacio, yo te invito a que añadas las escenas que Frankl nos narra. La cadena de presos en la nieve, los pies llagados, la ropa hecha jirones, el hambre y el frío y las órdenes de un kapo que les golpea y los insulta. Y cómo entre tanto sufrimiento, el recuerdo y el amor de su esposa le acompaña, le da vida y le hace ignorar el presente terrible. Esa fuerza de la atención dirigida a un pensamiento, imagen, recuerdo, escena o sensación, fortalecida con el recuerdo de la persona amada, le permite aislarse, esto es, despejar todo el espacio y abrir una distancia tal entre él mismo y sus circunstancias, que le permita no sólo ignorar el sufrimiento, sino conectar con un aliento más fuerte que surge de su propio yo. En la atención a ese silencio interior encuentra una plenitud, fortaleza y compasión.

Éste es un ejercicio que podemos hacer en momentos de decepción, de desolación, de sentimiento de nuestra impotencia y finitud. Despejamos el espacio, prestamos atención a esa sensación y emoción de decepción y desolación, aceptando su presencia, pero al mismo tiempo abriendo una distancia con ella, para permitir que nuestro Yo encuentre su momento y, en su silencio interior, su propia plenitud, pues Yo soy más que todas las circunstancias que me envuelven.
Y quizás venga bien llenar ese espacio que hemos abierto con un recuerdo positivo, reconociendo nuestras propias cualidades y nuestra valía y dándonos un punto de autocompasión, y sentir que «yo soy más que todo lo que me circunda».

Y podemos seguir llenando nuestro espacio alrededor trayendo a la memoria los bienes recibidos en nuestra existencia: el cuidado otorgado por nuestros padres, su sacrifico y amor, la confianza que teníamos en ellos, la educación recibida de nuestros mayores, nuestra ruta por el aprendizaje de la vida, las personas que nos acompañaron en ese camino, las ventajas recibidas en nuestra generación, lo que he podido disfrutar con la tecnología actual, en mi vida laboral o profesional. Y tras tener la sensación sentida de agradecimiento por tantos bienes recibidos, encontrar el sentimiento del agradecimiento que le debemos a tantas personas que nos han empujado hacia adelante, hacia donde ahora estamos, especialmente a las personas cercanas, con quienes convivimos.

Y, desde la sensación sentida del agradecimiento por la vida otorgada, dejar discurrir nuestras emociones hasta donde nos lleven en el pensamiento de Frankl, pues si es importante agradecer lo que la vida nos ha ofrecido y nos ofrece, más aún lo es considerar y sentir lo que la vida nos pide y nos demanda de nosotros mismos. Detengámonos un momento: ¿Qué es lo que la vida nos pide? Eso que nosotros podemos aportar es precisamente el sentido de la vida, de nuestra vida, de tu vida.

2.2. Qué es lo que la vida espera de nosotros

Viktor Frankl llamó logoterapia a su método de trabajo psicoterapéutico.
Según él, «el hombre no debería interrogarse sobre el sentido de la vida (en general), sino comprender que es a él a quien la vida interroga… La vida pregunta por el hombre, cuestiona al hombre, y éste contesta de una única manera… respondiendo de su propia vida y con su propia vida. Sólo con la responsabilidad personal se puede contestar a la propia vida. De modo que la logoterapia considera que la esencia de la existencia consiste en la capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le plantea en cada situación particular».

Este intercambio entre el hombre y la vida, lo resolvía la logoterapia proponiendo al hombre una situación límite.  enía a decirle: «Supón que ya has fallecido, pero tienes la oportunidad de actuar como si vivieras por segunda vez y corregir los desaciertos de tu vida anterior». Así, enfrentaba al hombre con el final de la existencia y con la finalidad de la misma.

Te propongo ahora hacer un ejercicio semejante, siguiendo nuestro método de «atención emocional», en el que – omo sabemos– las sensaciones corporales son importantes. Así, pues, te invito a que te sitúes en un lugar tranquilo, donde puedas realizar este ejercicio cómodamente y en silencio. Empiezas por el recorrido corporal y por despejar el espacio, como ya sabes, abriendo una distancia entre las circunstancias que llevas contigo y tú mismo, de forma que tu Yo disponga de unos momentos para encontrarse a sí mismo.

Y en ese momento en que el silencio se ha hecho en torno a ti mismo, te invito a que imagines lo que ha sido tu vida, en estos últimos años, hasta el día de ayer. Imagínate que estás ante el paisaje de tu vida pasada y fíjate en la meteorología de ese paisaje: ¿Hay sol? ¿Es luminoso? ¿Cómo han sido la nubes? ¿Y el viento? ¿Y las nubes? No analices ni reflexiones sobre tu vida hasta aquí, simplemente siente «cómo es el paisaje de todo eso que tiene que ver con tu vida » hasta este momento. Quizás puedas sentir que no está del todo bien en tu paisaje, quizás las nubes se arremolinen y el paisaje se oscurezca, e incluso que llueva con mayor o menor intensidad. Quizás sientas el frío que lo envuelve o que algo ha faltado por hacer. Y que el tiempo en buena parte se ha gastado en vano. Y pregúntate: ¿Cuáles son las sensaciones que tu paisaje te produce? ¿Cuáles son los sentimientos que te provoca? ¿Deseas arrepentirte de algo? (Haz una pausa y deja que broten tus sensaciones y sentimientos).

Y ahora te invito que mires ese mismo horizonte como si observaras en el paisaje tu vida futura. Siente de nuevo el sol, la luz, las nubes, el cielo, la lluvia. ¿Cómo sientes en tu interior ese paisaje en el futuro? Es la oportunidad de una nueva vida, la cual te interroga sobre el futuro. Tú estás ante él con todas las posibilidades abiertas. ¿Qué le dices a él? ¿Qué te dices a ti mismo? ¿Qué es lo que sientes? ¿Cuáles son tus deseos profundos? ¿Qué quieres hacer? ¿Qué necesitas? Te invito a que escuches en estos instantes a tu cuerpo y cómo surge de él un mensaje que brota de tu corazón. En él, probablemente, se encierra el sentido de tu vida.

parte quinta