5. El caso de la persona que se sentía incapaz de realizar su cometido

El problema. Éste es un caso muy frecuente. Nos sentimos débiles, impotentes e incapaces de realizar nuestro trabajo. Nos abruma el peso de los problemas. O, como en este caso, el peso de la crítica de los demás. Esta crítica exterior tiene un aliado interno. Nosotros mismos hacemos nuestra esa crítica externa. Aceptándola y reforzándola. El rechazo externo provoca en nosotros miedo y parálisis. Pero, sobre todo, induce en nosotros un sentimiento de no valer. Nos asusta la crítica y el fracaso. Y es que la validación de nuestro trabajo nos da alas; pero la crítica negativa nos hunde y nos paraliza.

La experiencia. Después de un taller en el que terminamos trabajando las relaciones con los demás, una persona escribió lo siguiente:

«La vivencia de ese día está significando mucho para mí, porque algunos frutos del ejercicio han sido muy grandes. Llevaba en el trabajo dos semanas con un bloqueo impresionante, porque me había sepultado debajo de las críticas que se me habían hecho. El contenido y las formas de las críticas… me tenían paralizada e impotente para algunas tareas de pensar, proyectar… Por mucho que yo había razonado que hay que encajar, recoger la parte constructiva de las críticas, que no pasaba nada, que no eran hacia mí personalmente… me fui ubicando en un lado del miedo y a la defensiva continua. Lo cierto es que llevaba dos semanas intentado abordar un plan de trabajo para responsables de equipo y me resultaba imposible. Todo tipo de pensamientos de no valía pasaba por mi cabeza.

Intuyo que, en este taller, esta pesadumbre-bloqueo se empezó a disolver dentro de mí. El domingo por la tarde, después de un montón de tareas en mi casa, me siento a media tarde delante del ordenador y empiezan a salir las ideas, los hilos conductores, enfoques, que daban sentido a todo lo que estaba haciendo. Preparé el fondo de un plan de trabajo para los responsables de los distintos equipos. Estoy muy satisfecha y agradecida por este taller. En resumen, el trabajo casi hecho y una sensación de bienestar, que quien me vio  la semana pasada y me ve ésta, no me reconoce».

Podemos aprender mucho de este ejemplo. Los sentimientos que se reflejan en él son complejos: hay bloqueo y parálisis, y también miedo, derivado de las críticas recibidas y de la manera o forma en que se habían expresado; el miedo a los demás le generaba una gran inseguridad y le ponía a la defensiva. Naturalmente, ella había razonado durante días la situación, intentando asumir que las críticas tenían su parte constructiva, que no eran un ataque personal y que tampoco «pasaba nada». En el curso del ejercicio, nuestra amiga trabajó esta sensación de bloqueo y cómo eran sus relaciones en el trabajo; y pudo enfocar la sensación corporal de toda esa situación global de miedo, inseguridad, bloqueo, etc. Y todo eso le llevó a sintonizar con la emoción principal de todo aquello: así descubría que lo que estaba determinando, en el fondo, la situación era esa sensación de impotencia, incapacidad y debilidad (o, como dice ella, «todo tipo de pensamiento de no valía»). Era obvio el carácter no saludable y destructivo de este sentimiento, y eso le llevó a sentir la necesidad de reaccionar contra ello. Parece que esa reacción tiene lugar en su interior de una manera casi no consciente. Pero, al día siguiente, ella misma puede constatar cómo la sensación de pesadumbre ya no estaba y, en su lugar, había surgido su fuerza interna. Había desaparecido el miedo, la inseguridad, el bloqueo, la pesadumbre; y ahora disfrutaba de una sensación de plenitud, de capacidad de realización y liberación (el trabajo hecho) y bienestar. Es algo mágico: «Los frutos del ejercicio –nos dice– han sido muy grandes».