3. El caso del educador que no creía en el proceso de atención emocional

El problema. Le llamaré Antonio y no creía en el proceso de atención emocional. Ése era su punto de partida. Teníamos que colaborar en un proyecto formativo y le invité a hacer una sesión privada. Ya lo habíamos intentado en grupo, en dos ocasiones, sin éxito, porque el tiempo nos interrumpía. En esos casos surgió una sensación de malestar y cierre en la boca del estómago. «Es una sensación muy incómoda, que llevo siempre conmigo», me dijo.

La práctica. Así que nos tomamos tiempo. Elegimos un lugar donde nadie nos molestara. Se puso cómodo y se dispuso a seguir el protocolo que conocemos. Lentamente hicimos la armonización corporal, y relajó el ánimo. Después, también con tranquilidad, hicimos el ejercicio de despejar el espacio. Al elegir el tema del enfoque, repitió el de las sesiones anteriores y enseguida brotó el malestar de cerrazón en la boca del estómago y taquicardia. Se le notaba el rostro contraído. «La llevo siempre conmigo, me dijo. Es una sensación como de miedo y de cierre en el estómago». Le invité a que la aceptara y la recibiera. «Es la primera vez que lo hago», dijo. Le invité a hacerlo y a estar con ella amistosamente. Lo hizo y le pedía que le pusiera un nombre. «Nervioso», me indicó. Le repetí «nervioso» y le indiqué: «¿Puedes comprobar si “nervioso” identifica tu sensación? ». Entonces se quedó pensativo y dijo: «No, más bien es alerta y preocupado ». Lo dijo con mucha firmeza y noté que algo estaba cambiando en su interior. La sensación se había suavizado y ésas eran las palabras.

Fijémonos que en este momento la vivencia no alude a cualidades físicas (cierre del estómago, taquicardia), sino a cualidades emocionales (alerta, preocupado). Entonces le pregunté: «¿Qué es lo más preocupante de todo esto?».
Yo estaba con esa sensación de intriga de quien está abriendo una puerta y no sabe lo que puede pasar. Y pasó. Noté una sonrisa profunda, ahora relajada, muy relajada. «Algo está cambiando ahí dentro», le dije. «Sí, ¿cómo lo sabes».
«Tu cara lo indica». Y entonces estalló: «Es increíble, no sabía que podía sentir todo esto, es como si fuera algo mágico. Siento algo indescriptible, una serenidad nueva, una tristeza feliz, me vienen las lágrimas». Le sugerí: «Da la bienvenida a esas lágrimas: hoy estás acariciando tu tristeza; eso pide descargar». Descargó, por supuesto. Al cabo de un rato le propuse: «¿Qué vendría bien ahora?». «Nada, quedarme así, con estos sentimientos, en paz». Le pregunté: «¿Se ha abierto algo que estaba dentro de ti y hoy ha salido, por fin?». «Sí, es así», me respondió. «Pues disfruta de este regalo».

Poco después le invité a que recibiera la experiencia más esencial, para que le sirviera de referente en el futuro, que la agradeciera y la protegiera, pues la ocasión del miedo y la tristeza podría volver; pero él había cambiado emocionalmente y sabía dónde estaba el lugar, su lugar y su verdad.

¿Qué podemos aprender de esta sesión? Para mí fue un ejercicio inolvidable. Para él, por supuesto. Porque aquí vemos los pasos clásicos del proceso de atención emocional. Cuando acierta a definir con seguridad que la sensación conlleva alerta y preocupación, nos prepara para indagar cuál es la emoción de fondo. Lo hacemos  preguntando: «¿Qué es lo más preocupante de todo eso?».
Y allí, desde el sentimiento de «preocupado», surge una emoción esencial que le ayuda a remontar la preocupación: es como un nacer de nuevo. No podemos definir la emoción que le embarga, pues nuestro ejercicio es absolutamente respetuoso con la vivencia personal; pero sí sabemos que es una tristeza saludable, un sentimiento de alivio total, de liberación, que conlleva la desaparición del bloqueo que se había perpetuado y le hace respirar de nuevo. Algo mágico, ha dicho. Greenberg nos dice que ésta es una experiencia emocional, testada en numerosas ocasiones: nuestro yo interno posee una fuerza de superación poderosa, que brota espontáneamente en estas situaciones límite de tristeza abismal.
No hubo que acompañarle con más preguntas ni indagar en sus necesidades para desatascar la sensación de bloqueo: al indagar lo que era esencial en lo que estaba sintiendo, surgió espontáneamente la emoción saludable, una tristeza feliz.