1. El caso del plato chino

El problema. Lo cuenta Eugene Gendlin en su libro Focusing. Mary es profesora a tiempo parcial y tiene un niño de tres años. Su marido trabaja en un banco. A éste le acaban de anunciar su próximo ascenso a vicepresidente de la entidad. Cuando llega a casa, entusiasmado, le cuenta a Mary ese ascenso. Pero, en su euforia y por descuido, tira al suelo un valioso plato de porcelana china, que se rompe en mil pedazos. Mary, entonces, furiosa, le increpa por haber roto el plato y, airada, sale de la habitación y se refugia en su cuarto. Entonces, intenta calmarse; respira varias veces, establece un monólogo intentando explicarse y serenarse: «Es sólo un plato», se dice. Pero la tensión sigue ahí y no consigue calmarse. «Quizás sea el trabajo atrasado del colegio» o «quizás los problemas derivados del hijo de tres años». Pero todo este razonar es en vano. No elimina su agitación.

La práctica. Entonces intenta practicar lo que sabe sobre el focusing. Se pone cómoda, se tiende en la cama, respira, recorre su cuerpo y despeja el espacio.
Al despejarlo, consigue calmar el enfado; pero la sensación alterada sigue ahí. La enfoca y busca la frase o la palabra. Lo primero que le viene es: «No es el plato, son celos». Intenta comprobar si es eso. Al comprobarlo, siente que «en parte sí, en parte no: son como celos, pero…». Entonces pregunta: «¿Qué es lo más propio o lo más esencial de ese estar como celosa?». Y entonces, le llega la respuesta. La emoción no consiste en celos, ni ella está celosa. «Es un sentimiento de haberse quedado atrás». Mientras su marido avanzaba profesionalmente, ella, con un hijo pequeño, sólo podía atender con dificultades el trabajo de profesora y se sentía profesionalmente atascada. El incidente con su marido había servido para que este sentimiento saliera a la luz. Eso no resolvía el problema, pero lo situaba en su sitio y le permitía atenderlo e irlo resolviendo.

Este ejemplo nos muestra varias cosas. Por más que intenta razonar su enfado, la sensación de ansiedad y tensión no desaparece. Entonces se propone atender a sus sensaciones y emociones. Gracias a que consigue despejarlo, puede sentir las sensaciones de fondo, de debajo del enfado, y encontrar las palabras que le guían. Al  principio, las que encuentra no se ajustan del todo; pero cuando busca lo esencial de sus sentímientos, la emoción de fondo, encuentra la respuesta en su situación de frustración profesional. Ésa es la emoción principal y, a pesar de su aparente negatividad, es clarificadora y, finalmente, saludable.