PRESENTACIÓN

Muchos son los dramas contemporáneos. Las personas nos arrimamos a las ciudades porque en ellas la vida y la cooperación de los humanos parecen hacerla más fácil. Pero la vida en la ciudad no está exenta de problemas, de agobios, que son resultado de la insolidaridad de sus habitantes. Tampoco la vida rural está exenta de penurias y trabajos. Estas páginas están escritas para que las personas encuentren la motivación necesaria, la capacidad de no decaer, la posibilidad de entenderse a sí mismas y a los demás, y para que encuentren dentro de sí una fuerza nueva que permita convertir los problemas que nos afectan profundamente en posibilidades de reescribir nuestra vida. La vida nos sale al encuentro y nos interpela: tiene un sentido y estas páginas pretenden ayudar a descubrirlo

Por ejemplo, pensemos en Juana, viuda, que ha perdido su empleo de administrativa en la empresa en la que trabajaba. Vive con dos hijas y un compañero, que tampoco tiene un empleo estable. Ambos llevan ya un año buscando trabajo y no lo encuentran. Bueno, ella ya no lo busca. Está cansada de dejar currículos y de entrevistas. Se ha refugiado en casa y apenas sale. Le ronda la depresión.

En esta situación, y más si el desempleo es de larga duración, el equilibrio emocional se viene abajo. En casa todo son problemas. Pero dentro de uno, también. El amor propio nos cuestiona a nosotros mismos. La autoestima hace crisis. Llegamos a pensar que no valemos. Y esas sensaciones de fracaso personal nos impiden incluso movernos para salir del hoyo.

Junto al sentimiento de no valía, nos acompaña la sensación de irritación por la injusticia, que supone esta discriminación negativa. El mal humor se hace dueño de nuestras horas; el enfado contra el primero, que llegue; la frustración por no poder competir o compartir con nuestros familiares; el vivir gracias a la ayuda de los demás, nos humilla y nos hace tragar una rabia interna. Aparecen la ira y las discusiones y, en momentos, todo nuestro equilibrio personal está en el suelo y nuestra motivación también.

La inseguridad aparece también y una soledad de fondo, con el miedo, confesado o no, por nuestro futuro. Necesitamos verdaderamente el apoyo de nuestro entorno. De pronto comprendemos lo solos que estamos y la incapacidad para encarar nuestra situación.

También nos visita la tristeza. Es el resultado de los curricula enviados sin respuesta, de los intentos que no han tenido éxito. Y, a la tristeza, la acompaña quizás el conformismo, las pocas ganas de afrontar una gestión en la que pedimos trabajo, para quedar una vez más frustrados.

Estos cuatro sentimientos (sentimiento de no valer o de impotencia, de malhumor y rabia contra todos, de miedo y soledad, o de tristeza y depresión) forman un cóctel terrible. No nos ayudan a construir nada. En esos momentos el sentimiento del vacío penetra en nuestro interior. Es como si nada tuviera sentido. Como si nos abandonara la esperanza. Se nos hace preciso superar este trance. Encontrar un apoyo, un sentido. Volver a estar en situación de ejercer nuestro oficio, nuestro saber, nuestro trabajo. Convertir todas estas emociones destructivas en constructivas es un desafío, que, afortunadamente, podemos superar.

Todos tenemos dentro de nosotros una fuerza interna, una fuente de energía que nos hace capaces de superar nuestros conflictos. Pero es menester entrenarla y tenerla a punto. Igual que el deportista se entrena para encontrarse preparado, también nuestro espíritu necesita entrenar esa fuente interna de energía. No hace falta realizar ningún esfuerzo para esta puesta a punto. Sólo hay que desarrollar un ejercicio personal de autoconocimiento emocional, que nos ayude a comprendernos y a disipar todo ese bosque de emociones que nos ocultan nuestra verdad, nuestro auténtico ser. Lo que proponemos como «entrenamiento personal» es una tabla de gimnasia consistente en prestar atención a nuestras emociones internas y trabajar con ellas.

Las páginas que vienen tratan de la inteligencia emocional. Tratan sobre ella, pero no sólo sobre ella. También recoge unos pensamientos, que son sus nutrientes, y una tradición de la psicoterapia humanista y la filosofía existencial, las cuales nos ayudan a entenderla y gestionarla. Pues la inteligencia emocional no quiere decir que las emociones se comporten siempre con inteligencia. A veces –o mejor, con frecuencia– se comportan muy torpemente. Pero, aun así, tienen un fondo de sabiduría que, si lo trabajamos, podremos aprovecharlo para bien.

En la ira o en los celos, por ejemplo. En sí, los celos y la ira son muy destructivos; pero, si somos capaces de advertir las emociones subterráneas que los provocan podríamos encontrar un acicate, una motivación saludable. ¿Cómo convertir una emoción destructiva en otra vivificadora? Ése es el proceso que lleva a la inteligencia emocional como habilidad creadora y saludable.

La trasformación de las emociones destructivas en emociones saludables es una tarea propia de la psicoterapia. Así que estas páginas también tratan de la psicoterapia; especialmente de las «psicoterapias que podemos llamar humanistas», ya que son ellas las que consiguen que lleguemos a gestionar nuestras emociones desde la autoposesión consciente de nuestro yo, desde nuestro origen, desde nuestra libertad. Y, por supuesto, desde nuestra intimidad personal.

En todo este proceso de atención a nuestras emociones se nos revela la necesidad de autenticidad, de buscarnos a nosotros mismos y de situarnos en la profundidad del ser que somos y de encarar la totalidad de la realidad en la que existimos y a la que pertenecemos, con nuestro bagaje de éxitos o fracasos, con nuestros deseos profundos y con las dificultades que afrontamos.

El proceso de atención emocional del que hablamos ha sido construido a partir de la psicoterapia humanista, especialmente a partir de los psicoterapeutas Carl Rogers, Eugene Gendlin y Leslie Greenberg. Como experiencia integradora de este conjunto de autores y de procesos en un método de formación emocional, puedo indicar que he desarrollado numerosos talleres prácticos en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en el Centro de la UNED en la misma ciudad, en el Centro de Espiritualidad de Tafira y, especialmente, en la «Fundación Mapfre Guanarteme», donde durante el trienio 2014-2016 divulgamos los principios teóricos y las experiencias prácticas con una gran aceptación de los asistentes.

Me ha sido extraordinariamente útil haber escrito y desarrollado el curso a distancia «Gestión y entrenamiento de la Inteligencia  emocional», que se imparte a través del «Instituto Virtual de Ciencias Humanas» (IVCH: www.ivch-cursos.es) y lo están trabajando afiliados del Sindicato de profesores ANPE con excelentes resultados. La experiencia de este curso ha supuesto un antes y un después en la vida de muchas personas. Este bagaje de cursos y talleres permite hoy presentar este conjunto de talleres, al que podemos entender como un programa breve, que nos introduce en un método validado para la formación de la inteligencia emocional.

Partimos de la idea, común en todas las psicoterapias humanistas, de que las personas guardan dentro de sí mismas la capacidad de enfrentarse a sus conflictos y superarlos cuando se dan las condiciones y los medios adecuados. Esta confianza en las personas y en su fuerza interna nos permite ofrecer este «programa breve» como una guía para el entrenamiento emocional, con objeto de superar las dificultades a las que nos enfrentamos todos los días, convirtiéndolas en oportunidades para potenciar la motivación, la creatividad y la asertividad personal, así como la disponibilidad y acierto en nuestras relaciones. Si todo eso ocurre, nos habremos instalado necesariamente en una Idea que nos llama, en un horizonte de sentido. (José Antonio Baeza Betancort)